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El transito urbano y las relaciones personales

El transito urbano y las relaciones personales

Consejo a los conductores

 

Según informe de  autoridades policiales un automovilista falleció ayer al volcar su vehículo y se señala que  el conductor no llevaba cinturón de seguridad como lo ordena la ley y lo aconseja la prudencia que como se sabe salva vidas.

 

La no utilización del cinturón de seguridad es una imprudencia grave y riesgosa, demostrada por todos los estudios.

 

Si a ello le agregamos  por ejemplo: el exceso de velocidad, la inexperiencia , falta de señalización adecuada, comunicación defectuosa o insuficiente,  juicios erróneos, “efecto túnel”, estado emocional del conductor, mala iluminación o simplemente fatiga física o mental... tenemos más elementos que los suficientes para causar catástrofes.

 

 También se sabe que muchos accidentes evitables se deben a  conductas temerarias y a rasgos de la personalidad. Además los conductores por diferentes motivos pueden malinterpretar los riesgos e inclusive pueden “señalizar” equivocadamente. Y la señalización errónea o equivocada puede ocurrir sin intención o con la intención de obtener ventajas en el transito…

 

Teniendo en cuenta estos detalles logramos casi una explicación primaria de  causas que en principio serian evitables y disminuirían los accidentes casi a cero.

 

Casi; porque siempre puede surgir un fenómeno inesperado como por ejemplo un temblor de tierra, un animal que cruza el camino, una falla mecánica inoportuna y fatal… pero dejando de lado lo imprevisible e inevitable de todas maneras los estudiosos están de acuerdo en que deberían ocurrir menos colisiones.

 

Si pudiéramos instaurar una política preventiva de accidentes que tuviera en cuenta estos detalles y asegurarnos de alguna manera  de que todos fuéramos conscientes del peligro  o los peligros inherentes a la conducción,  seguramente ocurrirían menos accidentes  y desgracias personales que lamentar.

 

Por lo demás está demostrado estadísticamente  que los imprudentes mueren a edades más tempranas y más a menudo que los prudentes y causan más accidentes evitables.

 

Eso sin pensar que hay conductores con algún tipo de trastorno consciente o inconsciente, detectado o no, que circulan por  calles y caminos transformándose en un peligro para la seguridad pública.

 

El ejemplo presentado hasta aquí  tiene la intención de advertir lo siguiente:  las relaciones sociales pueden tener una analogía  con  el transito urbano en nuestras ciudades... salvo que en lugar de vehículos  intervienen  sentimientos, personas y a veces acontecimientos inesperados que pueden causar daños graves a todos los involucrados en ese momento…  ¿Por qué? Porque en general no se toman las prevenciones adecuadas y entonces crecen los riesgos de accidentes igual que en el transito.

 

Nuestra idea es que los perjuicios, el daño o el deterioro en las relaciones personales (y por lo tanto interactivas) son  comparables a las que ocurren en el transito motorizado. Muchas de las negligencias manejando sentimientos son similares a las que se cometen en el tráfico… y a mayor cantidad de actores mayor es el riesgo de lesiones.

 

Como señala el informe del comienzo, el conductor murió por no utilizar el cinturón de seguridad.

 

Muchas personas sufren accidentes graves, a veces hasta fatales y siempre dolorosos en sus relaciones sentimentales o afectivas simplemente porque no utilizan y a veces hasta desprecian el uso del "cinturón de seguridad afectivo".

 

El transito humano (personal o en pareja) hacia objetivos de larga distancia como la felicidad o de objetivos más inmediatos simplemente de corta distancia, como la tranquilidad y la confianza cotidiana, serian más fáciles de alcanzar, sin incidentes que lamentar, si todos  los que circulan  adoptaran medidas preventivas.

 

No es seguro que evitaríamos caer en la infelicidad paralizante y quizás fatal, pero seguramente disminuiríamos la incidencia de accidentes si tomaros con los sentimientos, los mismos cuidados aconsejables que tomamos cada vez que conducimos un vehículo o simplemente lo tripulamos como pasajeros.

 

Para empezar, siempre es aconsejable el uso de cinturón cada vez que  nos ponemos en movimiento hacia el bienestar emocional como destino. El camino a la felicidad, tan intensamente traficado, donde todos quieren llegar primero muchas veces con conductas temerarias, peligrosas, agresivas y a veces hasta engañosas; se vuelve un camino inseguro si no tomamos prevenciones…  


Y por si fuera poco, se da el caso de que a veces hay conductores mal intencionados que ceden el paso  muy gentilmente para luego chocar contra conductores  desprevenidos  y aprovecharse de su ingenuidad sabiendo que “el seguro de transito” les dará la razón y  les concederá una recompensa reparatoria sin importarle el motivo o las intenciones en juego.

 

Por eso, en ese itinerario que todos abordamos  hacia la felicidad hay que tomar prevenciones y aprender del  comportamiento  y de las reglas del “transito seguro” en nuestras sociedades.

 

No está de más por lo tanto empezar a usar “cinturón” en las relaciones sociales, o íntimas, o amistosas ya que semejante prevención gratuita  puede salvarnos la vida.

 

Y no creer  tampoco, que todos los conductores que encontramos por el camino están interesados en nuestro bienestar o en la seguridad colectiva… (especialmente si manejan sentimientos)

 

La verdad es que la mayoría está solo interesada en llegar primero. Y no faltan quienes llegan a ceder el paso simulando altruismo, cuando lo único que les interesa es inducirnos a un error,  a una mala maniobra  porque lo que los motiva, es obtener ventajas de los daños producidos  y “cobrar el seguro”.

 

Estudiando la conducta humana en el transito  y actuando en consecuencia podemos aumentar las posibilidades de llegar al destino fijado con menores inconvenientes.

 

En el ordenamiento urbano existe un seguro obligatorio que cubre daños que por una causa u otra no han sido evitados. Las relaciones sentimentales deberían también ser acompañadas de similares medidas de seguridad ya que los sentimientos puestos a circular sin reglas de ningún tipo pueden ser más peligrosos que las armas. Las costumbres, las reglas, los códigos si son respetados pueden ahorrar efectos desagradables y consecuencias lamentables.

 

La moraleja seria que: Tanto en el manejo de los sentimientos como en la conducción de vehículos si seguimos las normas, tenemos mejores chances de llegar a destino y  con menos riesgos.

 

Las normas no son para beneficiar a alguien en detrimento de los demás, sino para que todos podamos sentirnos más seguros ya sea en la pareja, la amistad, las relaciones sociales… igual que en el transito.

 

No respetar las normas es dañino para todos .Cada vez que eche a rodar los sentimientos póngase el cinturón y respete las reglas…. Respete las señales, maneje con cuidado y recuerde que no alcanza con su habilidad ya que en el camino se puede encontrar con infractores contumaces a quienes no les importa en absoluto ni las normas ni el bienestar de los demás.

 

jaime g

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